2 years ago
joludi:

Blancanieves.
El cuento de Blancanieves que conocemos, generalmente se basa en la versión de Disney, de 1937. Pero esa versión, en realidad, tiene importantes variaciones sobre el original de los hermanos Grimm (que a su vez es un plagio de un cuento italiano, de Giambattista Basile, el cual por otra parte estaba inspirado en la historia real de la pasión del príncipe Felipe de España-muy viajero en su juventud- hacia Margaret von Waldeck, una bella dama belga que murió envenenada a los 21 años, a la que sin duda conoció en su famoso “felicísimo viaje”).
En el cuento original de los Grimm, la bruja/reina intenta envenenar tres veces a la protagonista, no solo una. Primero prueba a ahogarla con un lacito que simula ajustarla. Luego le regala un peine envenenado cuyas púas infiltrarán una terrible toxina (una trampa digna de la KGB). Finalmente le ofrecerá la mitad de una manzana; la bruja morderá la parte sana, mientras que Blancanieves, ingenua tres veces, morderá la mitad envenenada. Qué tonta.
Frente a este triple atentado contra la vida de la protagonista, Disney prefirió quedarse con la última de las tres intentonas. ¿Por qué? ¿Tal vez porque no quería mostrar a una Blancanieves un poco boba, incapaz de darse cuenta de que la bruja no iba con buenas intenciones?
El cambio más trascendental de la versión de Disney es la forma en la que se resucita la chica. En el cuento original, nos encontramos con una situación bastante extraña. El príncipe, no se sabe cómo, ha dado con Blancanieves. Al verla en su féretro de cristal, se enamora perdidamente. Le dice a los enanos que es el amor de su vida y que la compra inmediatamente. Los enanos se hacen de rogar y dicen que no se desprenden del féretro ni por todo el oro del mundo (Wir geben ihn nicht für alles Gold in der Welt). Pero al final, seguramente tras una ardua negociación, el príncipe se lleva el féretro en su carruaje. La clave ha sido una promesa de honores y una inclusión de los hermanos en el círculo familiar real. Eso es mucho decir. Una cosa es todo el oro del mundo y otra es subir de golpe de clase social. Los enanos no necesitan oir más y le entregan el féretro al Königssohn. Con el traqueteo del vehículo, el bocado de la manzana tóxica cae de la boca de Blancanieves y ésta resucita.
O sea que, si nos centramos en la negociación Príncipe/Enanitos y en su desenlace, estamos ante algo que puede calificarse de rapto sexual, cuando no de pulsión necrofílica y tráfico ilegal de cadáveres.  Lo primero si estaba viva. Lo segundo si estaba muerta.
Naturalmente, aquí entró a saco la tijera de los guionistas de Disney, que prefieren presentarnos la cursi escena del beso que resucita a la chica. Esto es comprensible, la verdad.
Por último, en la historia original de los Grimm, la malvada reina sufre una muerte un tanto sádica. La obligan a calzar unos zapatos de hierro ardiente. Y eso lo impulsa a bailar. A bailar sin descanso hasta morir.
La solución final concebida por Disney (caída desde una ventana) es menos creativa, pero políticamente más correcta. Hace un colorín colorado menos conflictivo.

joludi:

Blancanieves.

El cuento de Blancanieves que conocemos, generalmente se basa en la versión de Disney, de 1937. Pero esa versión, en realidad, tiene importantes variaciones sobre el original de los hermanos Grimm (que a su vez es un plagio de un cuento italiano, de Giambattista Basile, el cual por otra parte estaba inspirado en la historia real de la pasión del príncipe Felipe de España-muy viajero en su juventud- hacia Margaret von Waldeck, una bella dama belga que murió envenenada a los 21 años, a la que sin duda conoció en su famoso “felicísimo viaje”).

En el cuento original de los Grimm, la bruja/reina intenta envenenar tres veces a la protagonista, no solo una. Primero prueba a ahogarla con un lacito que simula ajustarla. Luego le regala un peine envenenado cuyas púas infiltrarán una terrible toxina (una trampa digna de la KGB). Finalmente le ofrecerá la mitad de una manzana; la bruja morderá la parte sana, mientras que Blancanieves, ingenua tres veces, morderá la mitad envenenada. Qué tonta.

Frente a este triple atentado contra la vida de la protagonista, Disney prefirió quedarse con la última de las tres intentonas. ¿Por qué? ¿Tal vez porque no quería mostrar a una Blancanieves un poco boba, incapaz de darse cuenta de que la bruja no iba con buenas intenciones?

El cambio más trascendental de la versión de Disney es la forma en la que se resucita la chica. En el cuento original, nos encontramos con una situación bastante extraña. El príncipe, no se sabe cómo, ha dado con Blancanieves. Al verla en su féretro de cristal, se enamora perdidamente. Le dice a los enanos que es el amor de su vida y que la compra inmediatamente. Los enanos se hacen de rogar y dicen que no se desprenden del féretro ni por todo el oro del mundo (Wir geben ihn nicht für alles Gold in der Welt). Pero al final, seguramente tras una ardua negociación, el príncipe se lleva el féretro en su carruaje. La clave ha sido una promesa de honores y una inclusión de los hermanos en el círculo familiar real. Eso es mucho decir. Una cosa es todo el oro del mundo y otra es subir de golpe de clase social. Los enanos no necesitan oir más y le entregan el féretro al Königssohn. Con el traqueteo del vehículo, el bocado de la manzana tóxica cae de la boca de Blancanieves y ésta resucita.

O sea que, si nos centramos en la negociación Príncipe/Enanitos y en su desenlace, estamos ante algo que puede calificarse de rapto sexual, cuando no de pulsión necrofílica y tráfico ilegal de cadáveres.  Lo primero si estaba viva. Lo segundo si estaba muerta.

Naturalmente, aquí entró a saco la tijera de los guionistas de Disney, que prefieren presentarnos la cursi escena del beso que resucita a la chica. Esto es comprensible, la verdad.

Por último, en la historia original de los Grimm, la malvada reina sufre una muerte un tanto sádica. La obligan a calzar unos zapatos de hierro ardiente. Y eso lo impulsa a bailar. A bailar sin descanso hasta morir.

La solución final concebida por Disney (caída desde una ventana) es menos creativa, pero políticamente más correcta. Hace un colorín colorado menos conflictivo.

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